¡Hola a todos!
Crecí sin padre.
Ni una mano que me guiara, ni una voz que me dijera “estoy orgulloso de ti.”
Este vacío, lo arrastré toda mi vida. Y para llenarlo, busqué el amor, en todas partes, excepto donde realmente estaba.
Me aferré a quienes me hacían daño, porque en el fondo, solo quería ser amada.
Pero cada vez, me rompían un poco más. Hasta el día en que le dije a Dios:
“Quítame este corazón. Ya no quiero amar, ya no quiero sufrir.” ![]()
Y sin embargo… fue en ese momento cuando Jesús abrió otra puerta.
No lo entendí de inmediato. Lo culpé. Le grité mi ira.
“¿Por qué aún, Señor? ¿Por qué no merezco, también, un amor que no duele?”
Y un día, Él me respondió… no con palabras, sino con una persona.
Alguien que Él envió para mostrarme qué es el verdadero amor. ![]()
No aquel que rompe, no aquel que toma, sino aquel que da sin aplastar, que cura sin juzgar.
A través de esa persona, Jesús me enseñó que el amor no es un sacrificio unidireccional. El amor, el verdadero, es de doble sentido.
Es darse sin perderse. Es amar sin tener miedo. ![]()
Hoy sé que soy amada, no porque alguien me haya elegido,
sino porque Jesús me sanó. ![]()
Me hizo capaz de amar de nuevo, no para llenar un vacío, sino para compartir la paz que Él puso en mí. ![]()
Y tú, si sufres, si crees que todo ha terminado, si estás en una relación que te vacía en lugar de llenar… sabe que Jesús te espera.
Él no quiere que seas infeliz. Quiere que aprendas a amar como Él ama, en la luz, la ternura y la verdad. ![]()
![]()
